ES UNA ADAPTACION A LA HISTORIA DE EMMA DARCY Y LOS PERSONAJES SON DE LA GRANDIOSA STEPHANIE MEYER.
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CAPITULO 1.- LA PRIMERA BODA
-Siento que vayas a tener que cargar con Edward como acompañante, Bella, pero tenía que ser uno de los testigos. Es mi hermano y era mejor eso que intentar sentarlo en cualquier otro sitio en la recepción. Dado que es un cerdo arrogante, podría ofender a algún invitado. Al ponerlo al final de nuestra mesa, no tiene por qué molestar a nadie y, como tú estarás en el otro extremo, no tendrás que soportarlo durante demasiado tiempo.
Bella Swan recordó las palabras de Alice mientras iba en la limosina que llevaba a las cinco damas de honor hacia la iglesia. A pesar de que todas habían sido amigas de Alice dese que habían empezado el instituto, ninguna conocía a Edward Cullen. Aunque siempre habían oído hablar de él cómo:
“mi hermano el cerebrito” Que “hace sus cosas” en el extranjero, y que había estado ausente durante mucho tiempo de la vida de su hermana pequeña.
Había llegado a Londres la noche anterior y había pedido que le excusaran por no haber podido ir a la cena de ensayo ya que estaba con el jet lag. A Alice le habían rechinado los dientes de la rabia por la falta de tacto de su hermano, al que no le importaba que ella quisiese que todo fuese perfecto el día de su boda.
-No tiene ninguna consideración. Podría haber llegado un día antes, pero apuesto a que piensa que es demasiado inteligente para tener que ensayar nada.
Era evidente que su inteligencia no le hacía ganar puntos frente a su hermana, aunque si debía de hacer de él un hombre que destacaba. Bella sintió curiosidad por él a pesar de las críticas de Alice. No había muchas personas en el mundo capaces de conseguir lo que había conseguido Edward Cullen.
Hacía poco tiempo que habían publicado un artículo de él en la revista Time Magazine, en el que se hablaba de él como el genio anual de la tecnología. Desde muy pequeño, había tenido un gran talento para las matemáticas, había ganado premios internacionales, se había graduado de la universidad de Londres con matrícula de honor y le habían invitado a hacer un doctorado en Princeton, Estados Unidos.
Nada más terminar la universidad, se había convertido en el impulsor de un sistema informático muy avanzado, capaz de localizar cualquier medio de transporte en cualquier parte del mundo. Tanto él como sus compañeros estaban ganando miles de millones de dólares, vendiéndolo a gobiernos y empresas de internet. No obstante, eso no había cambiado la imagen que Alice tenia de su hermano.
-Es todavía más arrogante desde que es rico - le había comentado a Bella -.Todo el mundo se doblega ante él y tiene un montón de mujeres a las que solo les interesa su dinero alimentando su ego. No dejes que te impresione con sus miles de millones, Bella. Créeme no te gustaría vivir con él.
A Bella no le hacían falta esas advertencias, no tenía ningún interés en meterse en la vida de un hombre rico. Había visto a su madre hacerlo durante toda su vida, utilizar su belleza para casar hombres ricos que se deshacían de ella cuando encontraban a otra más atractiva. No había habido amor de verdad en ninguno de sus matrimonios, ni en las relaciones que no habían llegado a boda. Y a ella le había puesto enferma ver a su madre cada vez más preocupada por su apariencia, como si nada mas en su persona mereciera la pena.
Ella no tenía ningún interés en convertirse en la posesión de un hombre rico. Si se casaba, lo haría porque amaba realmente al hombre en cuestión, y él a ella. Como Alice y Jasper. Así que decidió considerar a Edward Cullen como algo curioso, no le afectaría su arrogancia ni dejaría que nada la dañara aquel día tan especial. Era la primera boda del grupo de amigas del instituto.
Las seis habían compartido muchas cosas, se habían apoyado en momentos difíciles y habían disfrutado juntas de los buenos. Para Bella su amistad había llenado el vacio de su vida familiar y había dado a sus años de adolescencia una chispa y un calor que habían disipado gran parte de la soledad de una vida sin familia, solo con una madre que prefería no tener a su hija demasiado cerca. A pesar de que cada una de las seis habían tomado caminos diferentes, su amistad seguía siendo tan fuerte como siempre y Bella tenía la esperanza de que siempre fuera así. Alice iba en la siguiente limosina con sus padres, pero las otras cuatro: Emily, Ángela, Rose y Jane, iban con ella. Todos estaban deseando cumplir con el pacto que habían hecho muchos años antes de ser todas damas de honor cuando una se casara.
Las chicas estaban hablando animadamente y Bella se unió a la conversación así dejo de pensar en el hermano de Alice. Ángela estaba encantada con sus mechas en tono cobrizo, que se había hecho apropósito para ir a juego con el cabello rubio de rose. Los vestidos eran hermosos: de vaporosa organza, con volantes en el escote y en la falda. El de Emily era rosa; el de Ángela, amarillo; el de rose, verde; el de jane malva; y el de bella, azul. Y entre todos creaban un romántico arcoíris.
Emocionadas, salieron de la limosina al llegar a la iglesia, sonrieron a Alice al verla salir del coche y bromearon con su padre, que estaba muy orgulloso de su hija, se aseguraron de que estaba perfecta: el velo colocado, el ramo bien agarrado. En la entrada, comprobaron que sus vestidos estaban bien y se prepararon para avanzar en fila por el pasillo, decididas a hacer que aquel día fuera el más feliz en la vida de su amiga.
Bella se puso nerviosa al oír la música. Iba de primera y, de repente le dio miedo arruinar la boda con su torpeza recordando lo fácil que tropezaba con cualquier cosa.
-Vamos- le susurro jane desde atrás.
Todo el mundo en la iglesia se había volteado a mirar.
Bella se ruborizo de inmediato pero aun así camino, concentrada en hacerlo como en el ensayo [sonríe], se dijo así misma, al ver sonreír a Jasper al final del pasillo. Era un hombre feliz, esperando a su novia. Recorrió con la mirada la fila de testigos que había a su lado. El ultimo tenía que ser el hermano de Alice, y seguro que tenía cara de tonto, lentes, y que esta jorobado de tanto trabajar frente a la computadora.
¡Pues no, no se parecía en nada a la imagen que se había hecho de el!
El corazón le dio un gran vuelco, que casi perdió el paso [típico en mi, pensó]. Por suerte, salto en ella un mágico piloto automático que la hizo seguir caminando a pesar de la sorpresa. Edward Cullen era impresionante. Era para caerse de espaldas. Bella se olvido de que era un cerebrito. Y de sus miles de millones. Físicamente estaba buenísimo.
Su rostro era duro, masculino, atractivo: tenía la nariz, la barbilla y los pómulos marcados, las cejas oscuras sobre unos ojos verde esmeralda. Su piel era casi tan blanca como la de ella y su pelo color cobrizo despeinado de la manera amas sexy que pudo haber imaginado. Era el hombre más alto de la fila, no era muy musculoso pero tampoco un flacucho. A casi todos los hombre se les veía bien el traje, pero a él se le veía aun mejor.
Bella debió de seguir sonriendo al clavar la vista en su rostro, porque él le devolvió la sonrisa, dejando al descubierto sus hermosos dientes blancos. ¿Y había un cierto brillo de interés en sus ojos? ¿Le parecía atractiva? ¿Le agradaría la pareja que la había asignado para la boda? Ella esperaba que si mientras llegaba al final del pasillo y ocupaba su lugar a un lado del altar.
Sin duda alguna ella estaba más guapa que nunca. No solía prestar demasiada atención a su aspecto, aparte de ir siempre limpia y aseada. Pero aquel día era diferente porque había tenido que adaptarse a la visión que Alice tenia de su boda.
Había contratado a una maquillista para que las maquillase a todas y bella casi no se había reconocido al terminar. Las sutiles sombras había hecho que sus ojos color chocolate parecieran más intensos. El maquillaje había suavizado la redondez de sus mejillas y le había dado un poco de color a su piel clara ya que debido a sus rubores tenia color natural para dar y regalar. Sus labios lucían mucho mas carnosos gracias al labial aplicado por una experta. Y las pecas de su nariz, que llevaban captando los rayos del sol toda su vida, habían desaparecido. Además, le habían rizado el largo cabello, que siempre llevaba liso.
Se sentía guapa, lo que era una experiencia nueva y placentera para ella, que le sugirió por que su madre estaba tan obsesionada con el tema. Y tal vez mereciese la pela el esfuerzo si la recompensa era que un hombre tan guapo como Edward Cullen la mirase con interés… Anuqué se recodo así misma que estaba siendo muy superficial y que no debía sentirse tan desquiciada por ir a tener cierto contacto con él.
En realidad, era un contacto forzado: el era testigo, ella, dama de honor. Edward no tenía elección. Con su físico y su dinero, debía de estar acostumbrado a que mujeres guapas de verdad intentaran captar su atención. Y, además, bella debía de recordar que su hermana lo había llamado cerdo arrogante, sin duda, con motivos.
¿Sería por su inteligencia o porque estaba acostumbrado a poder elegir siempre en lo que al sexo opuesto se refería? Ambos factores debieron de haber contribuido a hacerlo sentir superior en comparación con el resto de la raza humana.
Bella decidió no preocuparse más por aquello. Era suyo por el resto del día e iba a disfrutar al máximo de su compañía, alimentando cualquier muestra de interés que le prestase. Al fin y al cabo, como no esperaba nada, no tenía nada que perder. Y al menos disfrutaría de una experiencia nueva: la de tener al hombre más guapo y poder satisfacer su curiosidad acerca de el.
La ceremonia empezó y bella se esforzó por seguirla. Alice se merecía todo su apoyo. Era la primera en casarse. [Tal vez yo sea la próxima], pensó, imaginándose a Edward en papel de novio. Aunque ni siquiera lo conocía todavía.
Alice y Jasper fueron declarados marido y mujer. Y firmaron el acta de matrimonio. El órgano empezó a sonar y los recién casados volvieron a recorrer el pasillo hacia la salida. Sus testigos los siguieron y bella estuvo al fin cara a cara con Edward Cullen, que, de cerca, era todavía más imponente. La impresión hizo que bella se pusiera a hablar enseguida:
-¡Hola! Soy bella Swan.
El la tomo del brazo e inclino la cabeza.
- Ya lo sé - contesto en voz baja, aterciopelada y muy sexy-. Alice me ha hablado de ti.
-¡Vaya! –ella puso los ojos en blanco y espero que su amiga no hubiera dicho nada vergonzoso-. ¿Y qué te ha contado?
-Me ha advertido que eres un de sus mejores amigas y me ha pedido que te trate bien.
-Que detalle-comento bella aliviada.
-Y me ha dicho que tenga cuidado con mis palabras porque, al parecer, de las seis, tu eres la mas perspicaz.
Ella abrió la boca, sorprendida al oír aquello, y el fijo la vista en sus labios carnosos.
-Estoy deseando conocer una boca tan seductora e ingeniosa a la vez-bromeo.
Bella tomo aire y volvió a mirar hacia delante intentando mantener la cabeza fría, y sus rubores a raya. Edward Cullen la estaba mareando. Solo podía pensar en las ganas que tenía ella también de conocer su boca.
Habían llegado a la última banca de la iglesia cuando se le ocurrió una pregunta que no tenía nada que ver con ser besada por su acompañante.
-¿Cómo es que te llamaron Edward?, en un nombre poco común en esta época.
-Es el nombre del abuelo de mi madre, esme, ella lo recuerda con mucho cariño por eso quiso ponérmelo.
-¿A ti te gusta el tuyo?-inquirió él.
Bella se encogió de hombros.
-No me ha dado ningún disgusto.
El arqueo una ceja.
-¿No había una muchacha en la televisión llamada bella que era muy linda y optimista? Cuando me entere de cómo te llamabas, pensé en una voluptuosa rubia.
-Pues vas a tener que aguantar todavía un rato, aunque estés decepcionado.
El rió.
-La verdad es que estoy bastante contento, gracias.
Bella intento apartar la idea de imaginárselo desnudo.
-En realidad me llamo Isabella, aunque casi todo el mundo me llama bells o bella – añadió.
-¡Ah! Eso si te queda. Tiene un cierto toque exótico-. ¿Exótico? A ella le dio un vuelco el corazón. ¿Era esa la impresión que tenia de su persona? Debían de ser lo rizos. Si la veía al día siguiente, con el pelo liso… Pero no iba a pensar en nada más que en el presente.
Al salir de la iglesia, bella se sentía eufórica. Edward estaba disfrutando de su compañía. Pensaba que era exótica. La vida era hermosa. El sol no solo brillaba para la novia, sino también para su quinta dama de honor.
No pudieron seguir hablando ya que el fotógrafo los hizo posar en las escaleras de la iglesia, aunque a ella no le importo, sobre todo cuando les pidieron que se juntaran más y Edward le puso el brazo alrededor de la cintura, atrayéndola hacia él.
Bella siempre se había considerado de estatura media, pero el hermano de Alice era tan alto que solo le llegaba al hombro. Le gusto la sensación de tener a un hombre grande y fuerte que cuidara de ella, que era lo que todas las mujer había querido en las sociedades primitivas. Edward Cullen está despertando en ella instintos muy primitivos.
-Umm… el perfume también es exótico- le murmuro el al oído, haciéndola cosquillas.
-Diamantes blancos-dijo ella, contenta de que jane hubiera insistido es que se pusiera un perfume caro.
-Que nombre tan frio. Debería llamarse pasión purpura.
Ella rio tontamente. No pudo evitarlo. Y no podía parar. Jane la miro con gesto burlón.
-¿Que es tan divertido?
-Nada- balbuceo bella, sacudiendo la cabeza mientras intentaba controlar su aturdimiento.
-Vamos, suéltalo- insistió su amiga, mirando a Edward con curiosidad.
-Me parece que Isabella está teniendo un día purpura- bromeo él.
-¿Isabella?- repitió jane con incredulidad.
-No, no, es un día dorado- replico bella volviendo a reír.
Edward le apretó la cintura y ella espero que fuese porque está de acuerdo, no por que estuviese empezando a exasperarse con su comportamiento, que había de haber acabado con todo su exotismo.
-Ya nos contaras el chiste en la limosina- dijo jane – Nos vamos.
Alice y Jasper terminaron de bajar las escaleras de la iglesia y fueron hacia el coche. Los invitados les lanzaron arroz. Las damas de honor tenían que volver a su limosina y los testigos, a la suya. Ambas los llevarían por separado a London house, donde tendría lugar la recepción. Bella que había conseguido dejar de reír como tonta, sonrió a Edward, y a regañadientes, se aparto de él.
-Nos vemos en la próxima parada.
-Estoy deseándolo- respondió el con ojos brillantes.
Bella siguió a sus amigas flotando en una nube. Era evidente que conectaba con Edward. La atracción era mutua. El no había dado ninguna señal de ser un cerdo arrogante y no sabía por qué su amiga se lo había descrito así. Tal vez fueran cosas de hermanos.
Aunque Alice también le había mencionado que Edward a veces ofendía a la gente, y en eso no podía equivocarse. Tal vez estuviera comportándose bien porque era la boda de su hermana. En cualquier caso, era demasiado pronto para juzgarlo. Además, en esos momentos se sentía feliz que no le daban ganas de hacerse preguntas.
Entro en la limosina sonriendo. Todas sus amigas se voltearon a verla.
-¡Guau! ¡T e ha tocado el premio mayor!- empezó Emily.
-Si… que suerte, bells- comento Ángela de buena manera- A pesar de sus millones, el hombre esta guapísimo.
-¿Cómo es que Alice nunca nos dijo que tenía un hermano tan guapo? ¿Por qué siempre lo llamaba cerebrito? – dijo rose.
-No debe de ser tan idiota, por que ha hecho reír a bella- dijo jane -¿Qué te estaba diciendo? ¿Y porque te ha llamado Isabella? Si tú odias que te llamen así, incluso te enojas cuando nosotras lo hacemos.
-Piensa que soy exótica, así que me estoy haciendo la exótica- respondió ella
Todas rieron al oír aquella confesión.
-No se burlen de mí. No me veo así de guapa todos los días, ni huelo tan bien, gracias, jane. Así que tengo que aprovechar.
-¡Ve por él, nena! –gritaron las demás.
Era lo mismo que se había dicho ella.
Siempre se había animado unas a otras con esa frase. Bella pensó en la suerte que había tenido en contar con aquellas amigas durante tantos años, y espero que su cercanía no se estropeara con otras relaciones. Desde que Alice tenía a Jasper, ya no estaba tan disponible, como era natural. Según se fueran casando todas, si lo hacían, estarían más separadas. La vida continuaba. Ella solo esperaba que la separación no fuera demasiada.
El mundo de Edward estaba muy lejos de Londres y de su vida. Sería mejor que lo recordara para no dejarse llevar demasiado por una atracción que no tenía futuro.
Aunque, ¿Quién sabía lo que le depararía el futuro? En esos momentos, Edward Cullen estaba esperándola en la siguiente parada, y bella solo deseaba disfrutar de la vida.
CAPITULO 2.- HOMENAJE?
Los jardines de London house eran perfectos para las fotografías: con los maravillosos pinos haciendo sombra. La casa también era muy bonita, de estilo colonial con terrazas en los dos pisos que conectaban con el interior a través de una altísima puerta de cristal. En el centro del cuidado césped había un magnolio salpicado de flores moradas y rosas cuyos pétalos adornaban también el suelo. El fotógrafo había colocado a los novios al frente cuando Edward Cullen empezó manchar su imagen dorada.
-¡Es tan romántico!- comento bella suspirando.
-Sí, tengo que reconocer que Alice ha escogido muy bien la decoración- admitió - pero no pudo evitar preguntarse si la boda le había nublado el cerebro.
Estaban los dos solos, esperando a la sombra de un pino gigante esperando que los llamaran para la siguiente foto grupal. Bella no había intentado separarse de él, ya que deseaba pasar a su lado el máximo tiempo posible, y a él también parecía agradarle su compañía. No obstante, el tono cínico de su último comentario no le gusto. Se giro hacia él con el ceño fruncido.
-¿Qué quieres decir?
Edward se encogió de hombros.
-Alice solo tiene 23 años, ni siquiera ha empezado una carrera profesional. Es una estupidez casarse tan pronto- contesto el mirándola a los ojos-. ¿Tú lo harías?
-Si estuviera perdidamente enamorada de un hombre, como en el caso de Alice con Jasper, si, lo haría- respondió con la frente en alto.
El arqueo una ceja.
-¿Te atarías a una relación antes de haber empezado a ver de que eres capaz? ¿Antes de saber que mas puedes querer en la vida?
Era evidente que él no estaba pensando en atarse a una relación que cambiara su estilo de vida.
-No creo que el matrimonio tenga que impedirte realizar otras cosas- dijo bella-. Deberías más bien complementarlas. Hacerlas todavía mejor, al tener con quien compartirlas.
-¿Y cuántas veces resulta ser así el matrimonio?- se burlo el.
[Nunca si uno se casa por los motivos equivocados], pensó bella.
-Las estadísticas hablan de otras historias- comento Edward con arrogante confianza-. Sobre todo, cuando se trata de matrimonios jóvenes.
Ella había visto matrimonios jóvenes y viejos, todo tipo de parejas, demostrando su devoción en los hospitales en los que había hecho las practicas de enfermería. Los matrimonios podían funcionar y funcionaban si amabas personas se amaban de verdad.
-Pues a mí me parece que dejar que las estadísticas guíen tu vida es todavía más estúpido- replico enojada.
Dejo de fruncir el ceño y mirarlo a él para fijar su vista en Alice y Jasper, que se miraban con adoración delante de la cámara. Sus sentimientos eran reales, estaba segura. No se miraban así por que fueran a tomarles una fotografía.
-Siempre hay excepciones- dejo bella. Que deseaba lo mejor a su amiga, lo mejor.
Edward no debió haber comentado semejantes opiniones el día de su boda. Tenía que haber mostrado más fe en Alice. Era difícil encontrar a el alma gemela, pero la edad no tenía nada que ver.
Por desgracia, Edward Cullen cada vez le parecía menos su alma gemela. Bella se sintió decepcionada. Le había parecido tan guapo, se había sentido tan bien con él unos minutos antes.
-Eso es cierto- admitió el, volviendo a llamar su atención.
Un hombre que se dejaba corregir, no podía considerarse arrogante. Bella se relajo y espero que dijera algo más que pudiera volver a hacerla cambiar de opinión.
-Espero que este matrimonio no sea un error. Quiero que Alice sea feliz.
A bella le gusto la sinceridad que oyó en su voz. Ella pensaba lo mismo.
-Nunca la había visto tan contenta- dijo sonriendo.
-¿Y tu Isabella? ¿Eres feliz con tu vida?
Ella le devolvió la sonrisa.
-Sí, lo soy- a pesar de no estar enamorada. Aunque tenía la esperanza de estarlo esa misma noche-. Soy enfermera y me estoy preparando para convertirme en partera, que es lo que quiero ser.
-Partera…- Edward la miro con curiosidad-. ¿Por qué?
-Porque no hay nada más emocionante que ayudar a traer una vida al mundo.
-¿No te molestan los bebes llorones?- le pregunto, divertido.
-Solo lloran cuando les pasa algo. A mí me gusta hacerlos callar. Es muy gratificante.
-Supongo que eso es relativamente sencillo, ya que sus necesidades son muy básicas- comento el pensativo-. Las necesidades se vuelven mucho más complejas con la edad.
-¿Cómo de complejas son las tuyas?
La pregunta lo sorprendió. Se hecho a reír.
-Las mías también son muy básicas ahora mismo.
A bella se le pusieron los pelos de punta
Sintió deseo. Era tan guapo, tan deseable. Por suerte, su sentido común le recordó que lo más probable era que se marchara a la otra punta del mundo después de la boda y que solo la veris como una aventura de una noche. Mientras que ella deseaba que si había algo entre ellos, fuese el principio de una relación y no solo sexo.
Se pregunto si podría ser partera en otros países. O si el volvería a Londres. Al fin y al cabo, la tecnología hacia posible que todo y todos estuvieran accesibles en cualquier momento a pesar de la distancia. Seguro que Edward podría volver a Londres y trabajar desde allí si quería.
-¿En que estas trabajando ahora?- le pregunto. El se encogió de hombros.
-Básicamente estoy haciendo trabajo rutinario. Realizo ajustes en el sistema para satisfacer las necesidades de nuestros clientes.
-Parece que te aburre.
-Es como cambiar pañales- bromeo el sonriendo-. Me divierte empezar el proceso creativo, como a ti. El nacimiento de nuevas ideas, nuevos modos de solucionar problemas, pero el trabajo repetitivo no hace funcionar la mente.
Había sido inteligente, relacionando su vida con la de ella. ¿La estaba tratando con condescendencia? ¿Podría un genio interesarse por una enfermera, aparte de físicamente?
-¿hay alguna mujer en te equipo de trabajo?
-Somos todos hombres-respondió el, negando con la cabeza.
-¿Así que no hay encuentros de mentes con mujeres-murmuro ella.
-Todo lo contrario. Me está gustando mucho descubrir la tuya. Y conectar con ella.
-¡Bella!-la llamo Alice. Trae a Edward aquí y posen frente al magnolio. Va a quedar precioso, con tu vestido azul. Los haremos antes de que vuelvan los demás.
-Hay que obedecer a la novia- murmuro Edward, el sabia como podía ponerse Alice cuando las cosas no suceden como quiere, tomo a bella por el brazo y y la guio hasta el árbol.
Ella no pudo evitar sentir esas pequeñas descargas que pasaban cuando él la tocaba. El fotógrafo hizo que se juntaran sintió el calor del cuerpo de Edward y el brazo de él en su cintura, se pregunto cómo sería un abrazo suyo. Lo sabría cuando bailaran, después de la cena.
Todos los invitados llegaron enseguida y no volvió a tener oportunidad de platicar con él durante el resto de las fotografías. Sus amigas no paraban de hablar y sus acompañantes llamaron a Edward. Poco después todos subían a la terraza del primer piso, donde se sirvieron bebidas y canapés. Desde allí, observaron lo que sucedía en el jardín. El fotógrafo quiso hacerle una fotografía a la novia rodeada de sus 5 damas de honor dándose las manos.
-Muy bonito-comento Edward después-. Aunque nunca había pensado en Alice como en un mayo. Bella puso los ojos en blanco al oír la interpretación de la figura.
-hoy es la estrella de nuestro grupo de seis, y el resto le estamos brindando un homenaje.
-¿Homenaje…. Porque se ha casado?-pregunto él con incredulidad-. ¿Es eso lo que ambicionas tú y tus amigas?
-el matrimonio se considera un hito en la vida, como el nacimiento y la muerte…
-Y el divorcio-añadió el.
-¿Pop que eres tan negativo?
-Soy realista. Y pensaba que tú también lo eras. La enfermería en una profesión noble, pero que muestra la realidad acerca de las personas.
-Tienes razón. Ves lo mejor y lo peor, y todo lo que hay en el medio, lo que me da más motivos para respetar lo mejor, homenajearlo y celebrarlo.
-¿Y piensas que Alice tiene ahora lo mejor… algo a lo que tú también aspiras?- inquirió él.
Por sus palabras, daba la impresión de que la consideraba a ella y a sus amigas como un grupo de chicas sin cerebro cuya única meta en la vida fuera casarse. De acuerdo, tal vez lo deseasen, soñasen con ello, pero no era la ambición de ninguna. Solo les gustaría llegar a ello si conocían al hombre adecuado, y Alice estaba segura de que Jasper lo era, como ella decía lo había visto.
-Alice cree que es el mejor para ella y no seré yo quien le diga lo contrario.
Y con esa frase le estaba advirtiendo que él tampoco lo hiciera.
-¿Cómo va a saber qué es lo mejor para ella si solo tiene 23 años?-fue su respuesta.
[Otra vez insistía en la edad… se cree superior por que tiene más experiencia], pensó bella, mirándolo con irritación.
-¿Qué tiene que ver el conocimiento con esto? Elegir un compañero es más cuestión de instinto. Tal vez tanto trabajar con tu cerebro se te han estropeado los instintos. Piensas demasiado y no confías en tus sentimientos.
-Si estás hablando de necesidades biológicas…
Bella sabia que esas, las tenia y que las estaba dirigiendo hacia ella, pero en esos momentos ya no le gustaba tanto. De hecho, le ofendía que hubiera reducido su argumento solo al deseo.
-El instinto cubre más terreno que las necesidades biológicas básicas-añadió con mordacidad.
-Empieza con la química-insistió Edward.
No estaba considerando su punto de vista, ni siquiera lo estaba respetando.
-Bueno pues permíteme que te diga que tu química puede quedar anulada por ciertas salidas de tono.
El sonrió.
-Alice tiene razón. Eres muy perspicaz.
-También tiene razón acerca de ti. Eres arrogante te crees mejor que los demás.
Y antes de que le diera tiempo a arrepentirse de lo que acababa de decir, le dio la espalda y lo dejo para irse con sus amigas, que pensaban igual que ella. Ahí se quedo hasta la hora de la cena, sin hacerla caso. Para ella era una cuestión de lealtad. No podía ponerse de su lado y contra sus amigas aunque fuese muy guapo.
Se sintió aliviada cuando por fin se sentaron a cenar, dado que el estaba en la otra punta de la mesa alargada, fuera de su vista y de todo contacto físico o verbal. No obstante, le costó sacárselo de la cabeza. Sus amigas le preguntaron qué tal iban las cosas con él.
-¡Olvídalo! No me gusta. El físico no es lo único que importa.
Todas estuvieron de acuerdo con eso y dejaron el tema. Había muchas otras cosas de las cuales hablar: la decoración, la comida, los vestidos de las invitadas, los discursos. Bella pensó que Edward consideraría estos últimos detalles estúpidos, pero a ella le parecieron muy bonitos y conmovedores.
Sonrió, aplaudíos, rio, pero por mucho que intento divertirse, no pudo ya que tenía un extraño peso en el corazón. Era algo que no había sentido nunca antes, no por un hombre. Edward había removido de su interior muchos sentimientos nuevos. ¿ se había precipitado al mostrarse tan ofendida con él? ¿estaba decepcionada porque no era como ella quería que fuese? ¿O lamentaba no haberlo conocido mejor?
Por suerte, a la hora de cortar el pastel, Alice aclaro parte del caos que reinaba en la mente de bella.
-Me ha parecido que había algo entre mi hermano y tu, bella-comento con preocupación.
-Solo hemos tonteado un poco. No me habías dicho que era tan guapo.
-Si, en el converge lo mejor y lo peor. ¿No te ha decepcionado con su intelecto, supuestamente superior?
Bella se encogió de hombros.
-He tenido que pararle los pies en un par de ocasiones.
-Bueno me alegra saber que no estás demasiado entusiasmada con él. Edward solo tiene relaciones superficiales. Ninguna mujer él lo bastante buena para mantener su interés. Además, se marcha el lunes. Estará fuera de tu vida antes de darte tiempo de que lo conozcas.
-No pasa nada-respondió bella, intentando convencerse de que no era el hombre adecuado para ella. No obstante, su cuerpo intento revelarse contra su mente cuando tuvo que bailar con él.
Después de cortar el pastel, los novios abrieron el baile con el vals. Los testigos y damas de honor tenían que ser los siguientes en salir a la pista, así que bella supo que no podría evitarlo. Se prepararon y cuando les toco salir, Edward le pregunto:
-¿Estas lista?
Ella levanto la mirada y vio un diabólico brillo en sus ojos verde esmeralda repentinamente obscurecidos.
-Espero que sepas bailar-le contesto, intentando mantenerse tranquila.
-Soy capaz de contar uno, dos y tres –dijo él en tono sarcástico.
-Las matemáticas no garantizan un ritmo natural. Hay quien lo tiene, y quién no.
-¿Tu lo tienes?
-Sí.
-En ese caso, nos moveremos bien juntos-comento él con sensual satisfacción.
Bella se dijo así misma que lo mejor era mantener la boca cerrada, porque solo le estaba dando más leña para encender el fuego que ella solo quería apagar.
Aquella atracción no iba a llevarla a ninguna parte. Ella no iba a ser una aventura mas para Edward Cullen. Su orgullo se lo impedía.
-Nos toca-le aviso él. Salió a la pista de baile y la tomo entre sus brazos.
Estaba tan cerca que sus pechos se apretaban contra el de él. Bella tuvo que poner un brazo alrededor de su cuello y Edward no se conformo con agarrarle la mano, entrelazo los dedos con los suyos. Y ella se derritió. El hermano de Alice bailaba muy bien. Nunca había tenido una pareja de baile tan diestra. Y Bella no pudo evitar preguntarse como seria en la cama.
Por suerte la música dejo de sonar.
-Tengo que ir a ayudar a servir el pastel-le dijo, pidiéndole que la soltara.
-Puede esperar. El resto de los invitados acaban de salir a la pista de baile-comento él, tentándola.
-No todos. Y es el deber de las damas de honor cortar el pastel-replico ella.
-¿Qué otras tareas tendrás que desempeñar esta noche?
-Esta es la ultima- tuvo que admitir Bella.
-¡Bien! Entonces, lo retomaremos donde lo hemos dejado cuando hayas terminado.
Le soltó la mano muy despacio y quito el brazo de su cintura sin dejar de mirarla a los ojos. Bella tomo aire y supo que tenía que ofrecer resistencia.
-He bailado contigo por obligación. No tengo porque volver a hacerlo.
-Pero lo hacemos tan bien juntos, que ¿por qué íbamos a negarnos el placer de continuar?
Porque era un error bailar con el diablo, pero Bella no podía decírselo, ya que él se daría cuenta de lo mucho que la tentaba.
-¿Cuál es tu baile favorito?- insistió el.
-La salsa- respondió Bella, deseando por un lado que no supiera bailarla y, por otro, que también se le diera bien, porque a ella le encantaba.
-Bailaras salsa hasta caer rendida.
-Tal vez sí. O tal vez no. La obligación me llama, lo siento.
Mientras se alejaba, sintió su mirada quemándole la espalda. ¿Podría arriesgarse a volver a bailar con él? Lo mejor sería no hacerlo, ya que eso despertaría en ella mas deseo y tal vez ella no sería capaz de resistirlo.
Pero tuvo suerte de encontrar una estupenda excusa para estar alejada de Edward durante el resto de la noche. Eleazar, el primo de Alice de 10 años, había tomado alcohol accidentalmente y se sentía mal. Y ella, en calidad de enfermera, se ofreció a sentarse con él en la terraza de abajo para que sus padres pudieran continuar disfrutando de la fiesta.
Eleazar se hizo un ovillo y se durmió sobre el regazo de Bella. Y ella agradeció el aire fresco de la noche, que la ayudo a calmar los estúpidos anhelos de su cuerpo. ¿Acaso no había aprendido de su madre que los hombres ricos y arrogantes siempre se marchaban después de conseguir lo que querían? Edward Cullen no podía ser diferente. Su propia hermana se lo había dicho. Además, si daba rienda suelta ala atracción que sentía por él, el lunes, cuando se marchara, se arrepentiría.
La atracción de hombres como él era muy temporal. ¿Acaso se habría acercado a ella si no hubiese estado tan exótica ese día? Lo dudaba. Y no entendía porque sentía tanta conexión con él.
Los padres de Eleazar fueron a recogerlo justo antes de que se marcharan los novios. Bella su unió a sus amigas justo cuando Alice iba a lanzar el ramo, que fue a parar a manos de Emily. Luego, todo el mundo salió a despedirse de los novios. Edward se puso a su lado estando afuera, donde estaban estacionadas las limosinas.
-¿Dónde has estado?- le pregunto con frustración.
-Cuidando de un invitado que no se encontraba bien- respondió ella, ofreciéndole la mano como despedida-. Adiós, Edward. Espero que tengas un buen viaje de vuela a estados unidos.
-Supongo que mañana también tendrás cosas que hacer- dijo él en tono de burla.
-Si -contesto Bella con firmeza.
Edward no estaña acostumbrado a que lo rechazaran, no le gustaba, pero no podía evitarlo. Le dio la mano con arrogancia y la hizo sentirse pequeña y frágil, demasiado pequeña para el ….
-Ha sido un placer conocerte, Isabella –le dijo con fría educación.
Ella estuvo a punto de decirle que le vendría bien mas, para minar su arrogancia, pero se contuvo, no quería provocarlo. De todos modos, iba a marcharse, su vida estaba en otra parte. No obstante, no pudo evitar volver a sentir ese extraño peso en el corazón.
-Tal vez volvamos a encontrarnos ¿Quién sabe?- respondió.
-Es un desperdicio… no disfrutar del presente.
-Nada es un desperdicio, se sirve para aprender algo- respondió ella-. La vida es una experiencia muy larga y haberte conocido hoy forma parte de ella. Gracias y adiós, Edward.
Y se dio la vuelta antes de arrepentirse de no disfrutar de la experiencia de irse a la cama con él. Solo tenía 23 años.
La promesa de una noche en compañía de Edward Cullen no era suficiente para comprometer sus ideales acerca de cómo debía funcionar una relación entre un hombre y una mujer.
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